Nicholas Britell – If Beale Street Could Talk (2018)

Quizás la película más hermosa en estética e historia de los últimos 10 años sea “If Beale Street Could Talk” en 2018. Tras la aclamada “Moonlight” 2 años antes, Barry Jenkins volvía a profundizar en la discriminación racial de Estados Unidos y un amor que trasciende a ello, abandonando el tópico de la violencia de las calles y la droga, para llevar el foco ahora al abuso judicial y un sistema de justicia que hace aguas para los afroamericanos.

Como les comentaba, esta es una historia de amor. Tish (Kiki Layne) y Fonny (Stephan James), amigos de toda la vida, comienzan una historia de amor promediando los veinte años en un Estados Unidos y un Nueva York segregado. Se trata de ese amor idealista, donde pese a todos los problemas (manifestados en la cinta en la imposibilidad de encontrar vivienda), Tish y Fonny son capaces de empezar a construir un camino juntos. Por lo mismo, el estar juntos para ellos es estár en el Edén. Este es el tema principal de la banda sonora de Nicholas Britell, quien en “Eden (Harlem)” nos entrega una íntima pieza construida en base a instrumentos de cuerdas que parece trascender el tiempo. Tanto así, que su presentación mientras recorren unas escaleras en Harlem es seguida por una escena donde Tish y Fonny deben hablarse a través de un vidrio, algo que no podrías desearle ni a tu peor enemigo, pero pese a todo demuestran que en el peor escenario están juntos. Por eso, “Eden (Harlem)” es el tema del amor, que acompaña (en ese increíble juego del tiempo que propone Jenkins), desde el día que Trish se dio cuenta que estaba enamorada de él -cuando le regala la escultura en “Agape”-, pasando por “Encomium” cuando caminan bajo la lluvia y ella conoce al fin su mundo, y luego por “Eden (LES)”, cuando ya como pareja, comparten la alegría de encontrar un hogar, de alguien que crea en ellos y que lo hace precisamente porque se aman. No es de sorprender entonces, que frente a un amor tan humano y profundo, el tema del amor sea el que mueva a Tish a visitar a Fonny a la cárcel de manera incansable.

Britell también construye un tema especial para Fonny. Mientras Tish será la compañera que vivirá en carne propia la soledad y las dificultades (y prejuicios) de ser madre sin un padre inmediatamente presente, Fonny por su parte es quien es injustamente imputado por un delito que no cometió y que frustra todos sus planes de vida con su paso por la cárcel. El tema de Fonny se muestra por primera vez en “Eros”. Es un tema por supuesto, distinto al del amor en cuanto a su velocidad, y que habla de pequeños pero significativos éxitos en su vida de alguien que, probablemente, soñaba con devorar el mundo. Como por ejemplo, el desarrollo de su arte y el haber conseguido su taller propio (“Eros”) o cuando se mueve con total comodidad en el mundo de sus amigos, cuando visitan el restaurante (“P.B.A.”). Perder este tema, con la detención de Foony, es muy doloroso, como es doloroso ver como se detiene un proyecto no sólo común (con Tish), sino también personal.

Hay otro tema que me gustaría mostrarles, y es el que habla un poco del contexto social de Estados Unidos. Es un tema que sirve para relatar el mundo en el cual Tish y Fonny se mueven, y del cual les hemos hablado: la discriminación en dicho país durante los 70’s. Como bien dicen los títulos, esta historia es de todos los afroamericanos y no sólo de aquellos que vivían en Beale Street. El tema musical lo expone Britell en “The Children of our Age” comenta esta idea, una juventud condenada a morir de distintas formas, mismo tema que aparece en “Jezebel” y la historia de cómo su discriminación fue la misma pero con distinta cara y cómo fue superando prejuicios en una sociedad de abusos. Un tema que sirve para dar continuidad al relato, y que gracias a tener el mismo sabor que los dos temas principales, potencia la idea que es una historia propia pero de todos.

Con “If Beale Street Could Talk”, Nicholas Britell demuestra que le acomoda tanto el cine político que le ha dado sus mayores éxitos (“Vice”, “The Big Short”), como los relatos íntimos de Barry Jenkins, demostrando su elegancia e inteligencia a la hora de construir temas musicales de manera tan distinta en uno y otro proyecto. Los dejamos con la portada alternativa del disco para la versión en vinilo de Lakeshore Records.

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