Ennio Morricone – The Hateful Eight (2015)

Hace poco tiempo atrás, en esta misma galaxia, Ennio Morricone ponía el grito en el cielo por la mala utilización de su obra que hacía Quentin Tarantino. Lo anterior luego de “Django Unchained” (2012), donde el director utilizó dentro de su extenso playlist una canción ya escrita del compositor italiano, acusándolo éste último de total incoherencia en la utilización de la música en determinadas escenas. La crítica fue todavía más allá, pues Morricone aseguró no gustar del por entonces último film de Tarantino, y negándose a trabajar con él nuevamente. Las palabras se las lleva el viento, y la industria del cine tiene un magíster en ello. En el octavo film de Tarantino, Morricone es protagonista casi en su totalidad de la música, libertad que probablemente habla de un Tarantino que recogió el guante y aceptó la crítica.

Pero si queremos seguir contando anécdotas, podemos retroceder todavía más en el tiempo. Corría el año 2007, y en la 79° Ceremonia de los Premios Óscar, la Academia de Hollywood saldaba una gran deuda. Tras estar nominado en 5 oportunidades, siendo derrotado en todas ellas, la Academia decidía entregarle un Óscar honorario a Ennio Morricone por su aporte a lo largo de su inmensa carrera al mundo de la música en el cine. Emocionado y hablando italiano, agradeció a todos los directores y productores que le permitieron participar en tan emblemáticas películas, dedicándole su premio a todos quienes no han ganado la estatuilla con anterioridad como él, pero que dedican inmensas jornadas y talento en su trabajo. Todo por amor al séptimo arte. Finalmente, prometió sobre el escenario no tomar el reconocimiento como el inicio del fin de su carrera, sino como un nuevo impulso para seguir escribiendo con la misma pasión y dedicación que ha tenido en todos esos años.

Sus palabras fueron profecía, pues sólo 9 años después, en la 88° edición de los Óscar, debió subir al escenario como ganador del premio a la mejor banda sonora. Y, para mayor casualidad, gracias a una película de Tarantino con quien había peleado hace tan poco. Hablamos de “The Hateful Eight”, en un año especialmente emotivo pues mientras Morricone volvía a la palestra con un nuevo western, John Williams, su gran amigo, compartía con él nominación por el renacer de la franquicia de Star Wars con “The Force Awakens”. Si bien el paso de los años se notaba sobre el italiano, quien del brazo de su traductor, subía al escenario a recibir el premio mientras el Kodak Theatre se ponía de pie para otorgarle otro gran reconocimiento, en nada de este premio hubo preferencia a Morricone por su edad. “The Hateful Eight” fue, sin dudas, una de las mejores bandas sonoras de ese año y un justo ganador de la categoría, demostrando la vigencia de quien creíamos incapaz de otorgar trabajos como los de antaño.

El tema principal demuestra ya lo notable de esta película. “L’Ultima Diligenza di Red Rock” se trata de una pieza de casi 8 minutos donde pasan todos los momentos propios de un thriller y western. Introducción, clímax, desenlace, todos fluyen por igual en la partitura de Morricone, pese a que por estética, “The Hateful Eight” parece tomada de un mundo paralelo al que le es natural por la influencia de la nieve. El poder del tema principal, de cierta manera, demuestra que Tarantino y Harvey Weinstein (sí, el mismo Weinstein de las acusaciones, permitieron a Morricone lucirse durante la escena de los créditos iniciales mostrando todo su virtuosismo, con un tema cuya pretensión excede con creces la de los títulos.  No deja de ser emotivo, en este sentido, que se le haya dado la libertad a Morricone de “italianizar” los títulos de las canciones, volviendo todavía más propia la música en estos 8 increíbles personajes. Si bien este tema va cambiando a lo largo de la película, lo cierto es que mantiene siempre su esencia, aun cuando renuncie a los grandes arreglos orquestales como en “I Quattro Passeggeri”.

“Overture” es una continuación natural de este tema, pero un tema propio, cuando hay que bajar los decibeles y empezar a presentar el primero de los 6 capítulos de la octava película de Tarantino. Es una historia que pierde protagonismo (o deja de ser narrativo en sí mismo), pero gana en compañía. Este tema llega a su plenitud en “Neve”, otra memorable pieza (esta vez de 12 minutos) que acompaña largas escenas donde el diálogo es todo. Por supuesto, Tarantino nos pudo haber contado su historia en bastante menos minutos que las casi 3 horas que dura “The Hateful Eight”, pero su belleza radica precisamente en ese enfoque. Mostrar cómo, en esta nevada zona de Estados Unidos camino a Red Rock, todo transcurre más lento, los discursos son interminables y los planes y escapatorias se diseñan con extremo cuidado. Todo, acompañado de la sutil melodía que es este tema secundario, como bien dice “La Musica Prima del Masscro”.

Uno de los puntos que más me gusta de “The Hateful Eight” es que si bien el título reduce el conflicto a los 8 odiados personajes dentro de la posada, encontramos muchísimos rivales ocultos en la trama. No sólo hablo de saber quién es el bueno y quién el malo durante el transcurso de la  película, sino también empezar a valorar influencias externas como un personaje propio. Así, por ejemplo, “L’Inferno Blanco” presenta una melodía propia de suspenso atribuible al papel que juega este tormenta que pese a no verse tan agresiva para el público, es temida transversalmente, o la memorable escena del envenenamiento con café tiene una melodía de Morricone de tal descontrol, que uno pierde referencias y cae en la histeria colectiva de preguntarse qué está pasando y quién fue.

“The Hateful Eight” fue un gran reencuentro Tarantino-Morricone, y quizás sea uno de sus trabajos más trascendentes cuando miremos su carrera en perspectiva, pues nos muestra que la excelencia puede lograrse siempre, incluso cuando parece que no había más que demostrar o por qué luchar.

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