Daniel Pemberton – King Arthur: Legend of the Sword (2017)

Hace un tiempo que quiero formalizar las columnas que denomino “Placer Culpable” como una sección oficial. La idea de este espacio sería comentar esas bandas sonoras que me parecen interesantes (o muy buenas), pero que acompañan una película que siendo generosos, es discreta o directamente mala (para la generalidad de los críticos), pero que uno disfrutó y no poco (probablemente por la virtuosa música). Así, en su momento, hablé de “W.E.” de Abel Korzeniowski casi al lanzar la página y hoy creo que podría tener la segunda integrante de tan “selecto” listado: “King Arthur: Legend of the Sword”.

Guy Ritchie es un director británico muy reconocido por sus películas de acción y estética forma de mostrar la violencia. Por supuesto, todos recordamos “Snath” (Cerdos y Diamantes), la saga de Sherlock Holmes de Robert Downey Jr. o Lock, Stock and Two Smoking Barrels, por sólo nombrar algunas, cintas que siempre destacan por una particular forma de relatar que tiene Ritchie que fluctúa entre distintas líneas de tiempo, o reduce o acelera la velocidad con la que ocurren las cosas logrando así control en el descontrol, además de una reconocible estética y planos. “King Arthur” sigue la misma línea, pero con una gran diferencia. La historia se retrasa todavía más en el tiempo. Más que el Sherlock de finales del siglo XIX, de hecho, invitándonos a un Londres del siglo V conocido como Londinium, donde Británicos, Salvajes y Vikingos se disputaban el territorio, y los Reyes y soldados de la tierra también debían coexistir con fuerzas sobrenaturales que cuestionaban el control preestablecido (muchas veces bajo las tinieblas). Una historia, en consecuencia, muy desafiante, que exigía de la música un trabajo ejemplar y multifacético. Primero, muy moderno porque se trataba de una cinta de Guy Ritchie. Segundo, muy vertiginoso porque es una película de acción. Tercero, muy noble pues habla de la disputa en la familia real pero (cuarto), muy urbano porque la rebelión de Arturo es como una guerra de trincheras que comienza en los barriales y callejones de Londres. Por último, se debía tratar de una música que pudiese reflejar el poder y magnitud de las fuerzas mágicas (tanto la espada misma de Arturo como la oscuridad de Mordred). En su apuesta, Ritchie se la juega por volver a invitar a Daniel Pemberton, con quien había trabajado en “The Man from U.N.C.L.E.” con un interesante resultado, pero que a la fecha, se estaba convirtiendo en uno de los compositores más creativos de su generación, uno que como pocos iba a ser capaz de cubrir tantas líneas narrativas (como también luego hiciera en “Spider Man: Into The Spider Verse” en una historia todavía más literal en lo que a multi-escenarios se refiere).

El tema principal de la película recibe el mismo nombre que la cinta: “King Arthur: Legend of the Sword”.  Aparece en un comienzo funcionando muy bien a nivel de créditos (con su espacio entre cada nota) y luego durante los momentos previos a la batalla final, estando entonces en el origen de la historia (los motivos por los cuales Arturo es despojado de su familia), y el enfrentamiento contra el responsable de ello que lo obliga a asumir su destino como heredero del Reino (“King Arthur: Destiny of the Sword” y “King Arthur: The Coronation”), lo que demuestra que (como es evidente en los títulos), es el tema de Arturo (Charlie Hunnam). Mucho me interesa en este tema principal el hecho que, de entrada, Pemberton toma una apuesta arriesgada instrumental y rítmica para una película cuasi-medieval, demostrando de cierta manera que la acción (acción como género fílmico) es bastante atemporal, y con ello su música. De hecho, los temas más solemnes que veremos luego, terminan finalmente siendo dominados por esta propuesta al menos en lo que a instrumentos se refiere.

El segundo tema que me gustaría que revisemos es “Growing Up Londinium”, donde se puede ver más el sabor Ritchie y cómo Pemberton aporta en él. Este sin dudas es un tema de relato, también para Arturo, pero en un contexto muy claro: su infancia en un oscuro y primitivo Londres, cuando era poco más que una colonia romana al borde de un río. Acá, el ritmo de la música se acelera, en un comienzo para poder llevar la historia 15 años delante de los primeros sucesos, y luego, como un tema de escapatoria tras el fallido atentado contra Vortigern (Jude Law) en “Run Londinium”. Es decir, es un recurso musical para un efecto histórico en la cinta, y un efecto de urgencia en determinadas escenas, urgencia que viene dada también por la presión que Londres y sus pasadizos ejercen en Arturo y sus secuaces al intentar huir, complejizando la escapatoria.

Ahora, también Pemberton anda muy bien en lo más medieval, rescatando el lado solemne de nuestro personaje. “From Nothing Comes a King” da un tema muy interesante en esta materia, que luego escuchamos en “The Legend of Excalibur”, pero en plenitud en “The Born King”. Habla sin dudas de la realeza y, robándome un concepto que también sale en “The Crown”, la serie de Netflix, el hecho de entender la Corona como un personaje con vida propia, que hay que proteger a través de la solemnidad. Por supuesto, acá no importa la corona en sentido estricto que se pueda posar sobre Arturo o el usurpador, sino del rol que cumple la espada, Excalibur. Por eso, este tema también aparece en “The Power of Excalibur”, demostrando que la legitimidad no sólo proviene de su legado o linaje sino de blandir la espada. Los invito también a comparar el estilo de este tema con otro, el de un Arturo “ciudadano a pie”, cómico e irreverente, que aparece en “Jackseye’s Tale”, y que se ve tan distinto y refleja por supuesto, todos los sacrificios que debió realizar Arturo para dejar el burdel en el que fue criado en Londres para reclamar su sitial en el castillo de Camelot en lo que a estilo de vida se refiere.

Mención aparte, para dos temas cantados que funcionan muy bien en la película y en los que Pemberton también colabora, los cuales siguen la línea de acción y batalla de toda la cinta. Primero, “The Politics & The Life”, de Gareth Williams, donde Uther Pendragon (Eric Bana) lucha contra Mordred, y luego, “The Devil & The Hunstman”, previo a la batalla entre Arturo y Vortigern. El primero, por supuesto, es más medieval y clásico, reflejando el estilo de gobernanza de Uther, quien sólo vive para (y en) Camelot. Por su parte, el segundo, suena mucho más urbano debido a la infancia de Arturo en Londres. Ambos temas pueden reflejar el mismo nivel de “violencia”, pero lo hacen con distintos enfoques debido a las distintas historias de vida de uno u otro Rey.

Así, podría seguir escribiéndoles de por qué esta película tiene tan buena música mucho rato. Lo que me obliga también a darme cuenta que quizás, esta película no debiese ser un placer culpable. Sí. Es cierto. No estamos ante la obra maestra del cine británico, ni una película que será aclamada por los críticos. Pero no debiese darnos vergüenza haber disfrutando tanto una nueva versión de la historia del Rey Arturo, en especial cuando está tan bien dirigida y musicalizada. Esto último, porque estamos ante un trabajo que me convenció que Daniel Pemberton puede ser el gran creador de su generación:

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