Hans Zimmer – The Lion King (2019)

La idea de hacer una sección que se llame “Original vs Remake” precisamente busca comentar las diferencias entre una cinta que se haya realizado hace muchos años y una nueva versión reciente. Y en específico, cómo se muestra la banda sonora en cada una de ellas. La versión animada de “El Rey León” pone la tarea muy difícil, pues es, en un 99,9%, idéntica a la cinta de 1994, consistiendo simplemente en una nueva entrega con la tecnología del mundo del cine 25 años después. Esto no sucede a menudo con las otras películas que hemos comentado, como Solaris de 1972 y su remake de 2002, donde una y otra difieren sustancialmente como nuevas interpretaciones del trabajo de Stanislaw Lem. En “El Rey León” en cambio, el guión es el mismo, hasta los planos y tiempos son idénticos, y las dinámicas entre personajes iguales, lo que creo explica en gran parte el fracaso que ha tenido en ojos de los críticos. Favreau apostó por una carrera corrida, pese a que prometió hace unos meses que sería un nuevo enfoque de la historia.

De todas formas, las críticas han sido excesivamente injustas. Siempre será difícil comparar una cinta con la que, puede ser, la película más icónica en la historia de Disney. Y méritos al proyecto de 2019 no le faltan, en especial en el aspecto visual, donde la opción animada está tan lograda que la cinta se vuelve todavía más emotiva en escenas importantes, como la muerte de Mufasa. Creo que ver animales “de verdad” hace que el proyecto de Favreau deje de ser, en gran parte, una cinta de niños (mi sobrino de 9, por ejemplo, no la disfrutó) para ser un drama casi humano para adultos. Y eso da más sentido a un importante aspecto de la historia, el balance que permite el ciclo de la vida (muy en discusión hoy 25 años después), y la forma de incorporar a todos quienes se han sentido totalmente desplazados por un régimen político. No es que uno quiera ser denso en esta materia, pues “El Rey Leòn” sigue siendo una película de un hijo que debe lidiar con la figura de un padre ausente y asumir las responsabilidad que sobre él recaen, pero existen muchas otras historias paralelas que al menos en la versión más adulta de Favreau crecen en importancia.

Ahora, si la idea era replicar gran parte de la cinta de 1994, evidente era volver a invitar a Hans Zimmer a componer la música. El alemán, un promisorio compositor entonces, es hoy quizás la figura más icónica del mundo de las bandas sonoras, por lo que habría sido un total desagravio no traerlo de nuevo en acción, y en especial, la nueva música jamás habría podido conjugar con la historia si, por ejemplo, la gran estampida que se traduciría en la muerte de Mufasa iba a ser tan idéntica a la original. Ahora, estoy muy convencido que “The Lion King” 2019 debía ser con Zimmer, pero no lo estoy tanto sobre la obligación del mismo compositor de apegarse 100% a su trabajo anterior. Creo que Zimmer podía darse la libertad de, a partir de los temas de la película anterior, crear cosas nuevas, manteniendo la esencia, lo que en definitiva no hace (no se atreve a hacer), manteniendo su música casi idéntica a la de 1994, con pequeñas diferencias, en especial en aquellas escenas que podríamos decir icónicas (la estampida, la batalla final, etc.).

¿Qué temas son nuevos? Bueno, la escena del ratoncito en un comienzo y el monólogo de Scar sobre lo injusta de la vida (idéntico a 1994), es bien distinta en su duración y en especial la música. Acá Zimmer otorga un breve pero muy logrado tema en “Life’s Not Fair”, mostrando todos los instrumentos musicales más sutiles o menores de la música africana (centrando el foco en el ratón que quienes vimos la versión original, sabemos corre el riesgo de ser devorado), en un claro contraste con la imponente apertura en “Circle of Life/ Nant’s ingonyama”. Además de este momento, son pocas las pistas donde un asiduo auditor pueda decir “acá hay algo nuevo”. De hecho, por ejemplo, la música de la mitad de “Battle of Pride Rock” (cercano al minuto 6) me parece nueva, y creo que acompaña la intervención de Timón, Pumba y Rafiki en la batalla final, pero la verdad, tampoco podría asegurarlo, así como parte del tema de la batalla en el cementerio de elefantes (“Elephant Graveyard”) Ahí se agotan las novedades en Zimmer, novedades que al parecer se dan al nuevo tema de Beyonce (“Spirit”) y la nueva canción de Elton John.

Por lo mismo, me veo un poco obligado a hablar de lo antiguo y ver las sutiles diferencias que deben llamar nuestra atención. Quizás el elemento más refrescante en esta materia son las voces que empiezan a acompañar los temas principales, como cuando Rafiki dibuja o “encuentra” la caricatura de Simba en el árbol/templo. En “Rafiki’s Fireflies” (que viene a ser “This Land” de 1994) las voces confirman la importancia de haber recibido a un heredero en el Reino, y las amplias expectativas que genera en los habitantes su llegada casi mística. Este elemento vocal también destaca en el ascenso final de Simba, que pese a haber ganado una batalla asume con dolor el nuevo trono, por todo el tiempo que se ha perdido y el sufrimiento que ha tenido su gente, pero por sobre todo asustado por tener que continuar el camino de su padre sin saber cómo (“Remember”). Una mezcla de logro y temor que las voces vienen a demostrar.

Pero si bien hay algunos temas que muestran avances, hay otras que son retroceso. Y lamentablemente, los retrocesos son más grandes que los avances. Por ejemplo, creo que “Stampede” no logra el efecto climático que sí tiene  “…To Die For” en 1994. La nueva propuesta es menos impresionante, quizás por el exceso de percusión de platillos o quizás porque simplemente falte “algo”, aunque no podamos descifrar que. Ello queda muy claro en el intento de salvarse de Mufasa, donde pareciera que la limpieza que da el trabajo de hoy (permitiéndonos distinguir claramente cada instrumento en lugar de una gran orquesta) le hace perder sentido global a la obra. Como que gana en poder identificar su contenido pero pierde en carga emotiva general, si me puedo explicar de alguna manera.

Probablemente, si no existiese la versión de 1994, les diría que estamos ante una excelente banda sonora. Una de las candidatas del año quizás a todos los premios. Pero lamentablemente, como es obligatorio compara este remake con su original, el resultado es un poco decepcionante. Zimmer debió enfrentarse no sólo a uno de sus mejores trabajos (por eso la elegimos dentro de sus 15 mejores bandas sonoras), sino con uno que en especial envejeció muy bien, algo siempre difícil en películas para niños. Y por eso, haber propuesto lo mismo sólo podía significar retroceder, y algo retrocedimos.

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