Justin Hurwitz – First Man (2018)

Unidos desde la Universidad, Damien Chazelle y Justin Hurwitz construyeron su amistad en base a la música.  Sus dos trabajos en conjunto previos, “Whiplash” y “La La Land” (que pueden revisar en este enlace), son prueba de su total sintonía y afinidad, pero también de haber encontrado un nicho perfecto que explotar: el género “musical” en sentido amplio (musical como no restringido a los musicales tipo Broadway sino a películas donde la música toma un papel fundamental en la trama). Mientras en “Whiplash” acompañábamos a un joven percusionista en su formación académica como músico (integrando una selecta banda de Jazz), “La La Land” fue el musical que revivió el género y tiene hasta día de hoy a la gente cantando sus canciones o tarareando sus melodías, mientras participamos de la sufrida historia de amor de Mia y Sebastian (también pianista de Jazz). Precisamente este último le valió a Hurwitz un Óscar y el total salto al estrellato. Por eso, a estas alturas y pese a lo breve de su carrera, era imposible imaginar una película donde estuviese uno y no el otro. Pero dicha claridad (basada en la afinidad) se perdía totalmente en cuanto al resultado si movíamos a Chazelle de su zona de confort. ¿Cuál sería el resultado cuando Chazelle migrase a otros géneros? En específico, ¿cómo resultaría un proyecto donde la ficción de paso a la realidad como “First Man”, musicalizando quizás uno de los hitos más importantes de la humanidad?

Hurwitz da el salto al vacío en “First Man” pero apoyándose en una fórmula por él conocida, y explotada magistralmente en “La La Land” (lamentablemente, la relevancia de “Caravan” y la misma “Whiplash” en la primera cinta hace que sea difícil acudir a ese primer trabajo de Hurwitz, que se mueve perfecto pero tras bambalinas). Esa fórmula es dotar de un tema humano, honesto, simple y memorizable a los personajes principales, y luego construir uno que sin competirle, lo muestra en otras facetas que complementan la personaldiad. En “First Man” esto es claro desde los primeros minutos, al distinguirse claramente un tema dedicado al Neil Armstrong (Ryan Gosling) íntimo y otro dedicado al Neil científico y eventual astronauta. Analizaremos cada uno a continuación.

Si comenzamos por el tema principal del disco, inevitable es hacer referencia a la esfera personal de Armstrong, integrada por su mujer Janet (Claire Foy) y su familia, familia que ha pasado por durísimos momentos desde la muerte de su hija Karen, afectada por un tumor cerebral.  Por lo mismo este tema musical parte con 2 pistas, que escuchadas en conjunto parecen ser sólo una “Karen” y “Armstrong Cabin”, haciendo esta última referencia no a la cabina del Neil astronauta (porque todavía falta mucho para ese evento), sino el lugar de seguridad que encuentra en su propio hogar. Es un tema bastante melancólico, minimalista y limpio en lo instrumental, que permite concentrarse en la simpleza de su historia pero también en la belleza de la fotografía que recoge perfectamente los tonos de los 60’s. Se trata siempre de instrumentos de cuerdas, los que incluso tienen tintes onírico (pongan atención, por ejemplo, en “Sextant”), lo que evoca la constante presencia de Karen, aun cuando no esté físicamente presente. Este tema plaga la historia y vida de Neil, y pueden verlo incluso al finalizar la cinta en “The Armstrongs” o “Quarantine” (al ver a su mujer y volver a encontrarse con quienes más ama).

El otro tema, dedicado al Neil científico, por supuesto, es más optimista. No está marcado por un drama, sino por el contrario, por el avance podríamos decir profesional. Este tema no es antagónico al otro (como nos demostrará Hurwitz más adelante), sino simplemente, corre en un camino que terminará cruzándose con el principal. La música se concentra en este caso la mente brillante del protagonista (“Another Egghead”) pero también en su rescilencia (“Multi Axis Trainer”), demostrando un poco la calidad intelectual pero también el rigor físico con el cual nuestros héroes fueron entrenados para realizar lo que hasta entonces, se suponía imposible. Como es lógico, los logros de la NASA y Neil son guiados por este tema. Así, “First Dock”, que corresponde a la escena donde se ensaya la que es la etapa más importante del viaje espacial.

Sin embargo, estos 2 temas diferenciables en un comienzo, empiezan poco a poco a mezclarse durante la película. De hecho, es el mismo guión de Josh Singer (“Spotlight”, “The Post”) el que expresa en esta idea, cuando a Neil en su entrevista de la NASA le pregunta cuánto puede afectar su desempeño como astronauta la muerte de su hija Karen. Neil tiene una pesadísima mochila que no puede simplemente dejar en casa, y que lleva consigo (literalmente), hasta los lugares más recónditos. Esto empezamos a verlo en “Houston”, el primer encuentro de ambos temas pero que sin dudas, es más cargado al enfoque íntimo, encuentro que desde “Apollo 11 Launch” empieza a ser dominado instrumental y melódicamente por la influencia espacial. De cierta manera, es Armstrong quien lleva en la nave su carga, y es natural entonces que al menos desde su perspectiva ambos temas se confundan volviendo su historia musical personal más heroico a partir del tercer acto (el despegue). Lo hermoso, creo yo, es que uno esperaría que al momento de lograr la misión, o al menos durante el tiempo que estuviese en el espacio, el tema de Neil astronauta ganaría. En otras palabras, una persona tan seria y científica no dejaría que en esos pocos minutos en superficie lunar, sus emociones lo alejen de su objetivo profesional. Nada más distinto pasa en “First Man”, y la músia es prueba de ello. Desde “The Landing” Hurtwitz demeustra que el elemento sanador del viaje para Armstrong, era todavía más grande que su histórica frase “un pequeño paso para el hombre pero un gran salto para la humanidad”. Lo científico queda atrás frente a la sanación y realización personal, lo que queda clarísima en “Crater” donde el Armstrong familiar se come al Armstrong astronauta.

Finalmente, otros dos puntos altos tiene la película que me gustaría destacar. Uno es propio ya de las películas espaciales recientes, como “Interstellar” (pueden leer nuestra reseña acá) o “Gravity”, y consiste en jugar con los silencios. Por muchos minutos, en “First Man” la música es la ausencia de ella, potenciando así el tamaño de espacio y la relevancia de la misión. El segundo regalito es el espectacular vals con el cual logran acoplarse al Agena, que acompaña el movimiento de la nave tripulada por Neil en la inmensidad del espacio. Hablamos de “Docking Waltz”, que si bien termina siendo desplazado por un tema humano tan poderoso, perfectamente habría sido la perla de cualquier otra banda sonora.

 

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