Michael Giacchino – Rogue One: A Star Wars Story (2016)

Cuando el año 2012 Disney compra Lucasfilms y anunció una nueva trilogía ambientada luego del Episodio VI (“Return of the Jedi”) se generaron inmensas expectativas por la resurrección de una de las franquicias más exitosas de la historia que dormía desde el muy criticado Episodio III en 2005 (“Revenge of the Sith”). Misma expectación generó 2 años después la presentación de 3 spin offs ajenos al arco cronológico tradicional centrado en la figura de Luke Skywalker, pero que profundizarían en ciertos hechos de dicha historia (como el robo de los planos de la Estrella de la Muerte) o distintos personajes (Han Solo y Boba Fett hasta ahora), llamándose entonces cintas de antología. Si bien ambos proyectos contaban con un mismo grupo creativo y el importante apoyo de Disney, las cintas “paralelas” tendrían mucha mayor independencia y libertades creativas que el que sigue la historia tradicional. Así, por ejemplo, mientras la nueva trilogía (“The Force Awakens”, “The Last Jedi”) recuperaría actores emblemáticos como Carrie Fisher, Mark Hamill o Harrison Ford, las cintas de antología tendrían total libertad creativa y artística para experimentar sin miedos en casi todos los niveles de producción. Precisamente uno de los puntos donde no se verían obligados a someterse estrictamente al legado original de George Lucas sería la música, donde John Williams daría un paso al costado aprovechando de integrar nuevos compositores al universo creativo. Una apuesta arriesgada sin dudas, pues Williams es quizás tan importante como el propio Lucas en la creación de lo que es Star Wars hoy (y quizás el único que no salió criticado tras las prequelas), pero frente a la cual no había también otra opción, por la avanzada edad de Williams y sus compromisos con otros directores, que básicamente le impiden escribir una banda sonora tan demandante como las de Star Wars cada año.

Ya decidido que la primera cinta se centraría en cómo los Rebeldes roban los planos de la Estrella de la Muerte y elegido como director Gareth Edwards (naciendo “Rogue One”), la elección musical fue el compositor francés Alexandre Desplat, quienes habían trabajado juntos en la superproducción que fue “Godzilla” en 2014 y contaba con un extenso reconocimiento, en especial en su capacidad creativa. Sin embargo, la forma de trabajar fue distinta, pues Desplat se sumó ya filmada la cinta, y por lo tanto, debía responder a un trabajo ya establecido. Ahí empezaron los problemas. Poco antes de su estreno se informó que “Rogue One” sufriría ciertos reshoots o grabaciones de nuevas escenas debido a la disconformidad de Disney con el primer resultado propuesto por Edwards (basta para ello comparar el primer trailer con el resultado final), los cuales tuvieron a cargo a Tony Gilroy y que alteraron en gran parte la cinta. En paralelo, Desplat fue relegado de su cargo el cual fue entregado a Michael Giacchino. La incidencia que tuvo o no el reshoot en la salida de Desplat es algo discutible (alegaron problemas de calendario para que el compositor no pudiese hacer los ajustes), pero a mi parecer esa teoría es bastante poco plausible, en especial si consideramos el tiempo que se le dio a Giacchino para hacer el soundtrack (aproximadamente 4 semanas) es la nada misma dado que debía partir desde cero, lo que hacía bastante más lógico pedirle a Desplat escribir material adicional en el mismo plazo. Yo por mi parte creo que como todos especulan, Disney estaba muy disconforme con el resultado original de Edwards, por eso involucró a Gilroy con tanto poder ya avanzada la producción, y un cambio tan esencial requería también un cambio en la música, con la cual probablemente estaban igual de disconformes. La sombra del fracaso de “Revenge of the Sith”, incluso 10 años después, estaba todavía presente, y no podían correr riesgos.

Ahora bien, mirado en perspectiva, tomada la decisión de despachar a Desplat, si había alguien a quien acudir en tan poco tiempo era a Giacchino. Conocido por nosotros como “el resucitador de franquicias” (por su influencia en las nuevas entregas de Star Trek y Planet of the Apes), tenía además mucha cercanía a J.J. Abrams, director de “The Force Awakens” y uno de los espíritus creativos de este nuevo momento. De esta manera, Giacchino tenía cierta sintonía con lo que significaba hacer una nueva película de Star Wars, y eso había que aprovecharlo. Su enfoque, en todo caso, no podría ser el que tuvo con Star Trek. El legado musical de Star Wars es tan grande, que no venía como el salvador a la franquicia, sino por el contrario, llegaba con el peso de no ser el compositor que estropeara el trabajo de Williams. Por eso, y como veremos en nuestro análisis, Giacchino se suma respetando todo lo que Williams dejó como legado, en especial instrumentalmente y respecto a la constante oposición de temas de “buenos” vs “malos”, otorgándose ciertas libertades aprovechando además que la historia de “Rogue One” se cuenta en una sola película, debiendo dotar de un origen musical y un cierre a la historia, presentando y despidiendo sus personajes.

En cuanto a lo que Giacchino respeta de Williams, debemos distinguir ciertas remisiones expresas de aquellas implícitas. Al primer grupo pertenece la presentación de la Marcha Imperial de Williams en la aparición de Vader (“Krennic’s Aspirations”), con un tono todavía más sombrío y pausado. Aunque breve, logra totalmente su efecto y probablemente, intentar musicalizar al quizás personaje más emblemático de la franquicia de otra manera habría sido un error. Pero si hablamos de referencias implícitas, nuevamente nos encontramos ante un choque musical de la fuerza contra el lado oscuro. El tema que acompaña a Jyn Erso (Felicity Jones) desde un comienzo es sin dudas el equivalente al tema de la fuerza de la primera trilogía. Desde “Trust goes both ways”, pasando por “Jedha Arrival” (que después se transforma en un tema de búsqueda muy interesante), “Rebelions are built on Hope” y cerrando con “Jyn Erso & Hope Suite” -al menos en su primera parte hasta 3:15 aproximadamente-, encontramos claras referencias instrumentales y melódicas a lo que es el tema principal del lado bueno de las fuerzas. Lo que me interesa en este sentido, es abordar el hecho que Giacchino, si bien trabaja casi 40 años luego del Episodio IV, debe presentar su música con anterioridad a la historia que en el Episodio IV se relata, sirviendo entonces su trabajo como “origen” de lo que debiese ser después la música de Williams. Es por ello, que mirada en detalle, perfectamente quien quiera ver las películas de acuerdo al orden del relato (y no de estreno), podría suponer que Williams pudo inspirarse en el tema de la fuerza propuesto por Giacchino.

El lado oscuro de las fuerzas tiene su propia marcha imperial, aunque en este caso la reminiscencia es todavía más evidente pues es presentada con la figura de Grand Moff Tarkin cuando exige que el arma de la Estrella de la Muerte sea probada desde ya (“When has become now”) y luego con el abordaje de Vader en la nave rebelde tratando de evitar que los planos lograsen escapar (“The Imperial Suite”, en una clara referencia a “The Imperial March”). Rítmicamente ambas son muy parecidas (pueden comparar ustedes sus inicios). Pero no pueden dejar de observar un interesante tema musical que vincula a Krennic y la familia Erso, aunque probablemente podamos vincularlo al lado oscuro de las fuerzas, que aparece en “He’s Here For Us” (00:35) y luego se reproduce en la llegada Jyn y los voluntarios a Scarif.

En cuanto al aporte propio de Giacchino, creo además que hay una importante referencia a sus propios trabajos. “A Long Ride Ahead” es escuchar la música del templo de Lost (pese a que termina en todo caso con una adaptación propia de los créditos de Star Wars de Williams), e incluso la segunda parte de “Jyn Erso & Hope Suite” (ya comentada respecto de su vínculo al tema de la fuerza), tiene mucho de Jack Shepard y su sufrimiento fuera de la isla (“We have to go back, Kate!!!”). “The Master Switch” es otro homenaje al clímax de Lost. De hecho, la mano de Giacchino también puede verse también de manera conceptual en la versión física del disco, donde se da la libertad de retitular las canciones de acuerdo a su buenísima tradición de hacer juegos de palabras. Así, “When has become now” pasa a llamarse “That New Death Star Smell” mientras Krennic y Grand Moff Tarkin prueban la nueva arma.

De todas formas, no quiero dejar de pronunciarme sobre lo que “Rogue One” es como película. A pesar de tener bastante buenas críticas, para mí se trata de una cinta discreta o directamente mala. ¿Por qué no me gusta? Creo que su afán de agradar el público (lo que justifica por cierto el reshoot) hace que por momentos parezca directamente una broma. Si fuiste joven en los 90’s y te gustó Sclub 7, entonces probablemente te guste “Rogue One”. Por donde se le mire, es una propuesta comercial para agradar a la mayor cantidad de público posible, sin ganas de ser un relato al menos interesante. Basta mirar como su historia es una mezcla de todos los episodios anteriores (el mensaje que recibe Jyn, la figura siempre presente del padre) o ver como Disney no pudo hacerse cargo de la histoia de manera tal de dotarla de suspenso. Todos sabemos que van a robar los mapas y por eso, la batalla de Scarif, aunque muy bien lograda, aporta poco o nada. Todo termina descansando en lo visual, lo que queda demostrado en la innecesaria (aunque bellísima visualmente) aparición de un Darth Vader que venía prometido desde los trailers. De todo el alabado tercer acto, me quedo con la idea de sacrificio que bien representa Jyn y sus compañeros, pero poco más. No estoy dispuesto a premiar una película tan poco creativa, como no pude digerir el humor del robot igual al de Interstellar, un Saw Gerrera y su look Mad Max, y otras referencias visuales que no vale la pena traer a colación. Sin caer en todos esos defectos, la música de Giacchino, aunque por supuesto interesante, termina siendo una mescolanza que aunque interesante, no despega como para mí no despegó “Rogue One”. En suma, un trabajo razonable para el poco tiempo de trabajo que tuvo, pero que carece de mucha identidad que al menos, en un spin off ajeno al relato principal, se habría agradecido.

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