Jonny Greenwood – Phantom Thread (2017)

Si bien Paul Thomas Anderson y Jonny Greenwood cooperan mutuamente hace muchísimo tiempo, estos cruces en sus caminos parecen ir en direcciones totalmente contrarias. Mientras el director sigue sorprendiéndonos con películas únicas pero que no logran agradar a la mayoría (en especial, desde “There Will Be Blood”), Greenwood comienza a lograr consolidarse como compositor de renombre haciendo trabajos cada día más elegantes y bien pensados, que le permiten llevarse un sinnúmero de reconocimientos. “Phantom Thread” es prueba viviente de ello, y por eso es tan interesante comentarla. Una película hermosa, bien contada y excelentemente actuada, pero que sólo es admirable por un público ávido de cine. Por el contrario, Anderson de cierta manera parece haber renunciado a hacer cine fácilmente digerible por el público, buscando claramente seducir a los críticos y especialistas pero no al ciudadano común. Una apuesta arriesgada, pero tampoco tanto. El director americano sabe que no pasará a la historia en el mismo plano que Nolan, González Iñárritu o quizás recientemente Villeneuve (que parece incorporarse a este grupo recientemente y no por sus primeros tabajos), sino en un grupo más selecto con un enfoque más artístico que espectacular. En este sentido, Greenwood parece haber cogido el camino opuesto. Su irrupción en el mundo de las bandas sonoras fue muy fuerte con un soundtrack totalmente protagónico e intenso en “There Will Be Blood” (nuestra crítica la pueden revisar en este enlace), y desde entonces, quizás por los proyectos que el mismo PTA ha puesto en su camino, ha iniciado un camino hacia la madurez creativa (madurez en un buen sentido), donde se muestra todavía más experimentado y por no ello menos original. Quiero dejar claro. A mi me gustó (y mucho) “Phantom Thread”, pero sin duda es un trabajo que consolida al PTA menos popular, y que a la vez potencia y valoriza en extremo a Jonny Greenwood.

Si hay un elemento a destacar en la banda sonora de Greenwood es la elegancia con la que se acopla a un trabajo muy elegante (quizás el más) de Anderson. En este camino, van en una sola línea. Con un Óscar más que asegurado en diseño de vestuario, y una actuación de Day-Lewis distinguida hasta en el más mínimo de sus detalles (observándose hasta en el peor de sus sufrimientos), Greenwood aporta su creación con una selección instrumental elegante y un ritmo musical que permite contemplar en mejor medida la belleza de la puesta en escena. Desde cierto punto de vista, el tempo en la música de Greenwood es como si se tratase de puntadas lentas pero seguras en un largo vestido que es “Phantom Thread”, dándole muchísima estabilidad a la cinta. Si esto lo miramos en comparación al personaje principal, Reynolds Woodcock, parece que Greenwood es la prueba fehaciente de la estabilidad que por externo proyecta un personaje lleno de tormentos interiores. En total oposición a lo que pasaba con Daniel Plainview en “There Will Be Blood”, donde la música potenciaba la ambición, ímpetu y hasta maldad del protagónica, en “Phantom Thread” busca su pausa y conexión. Así, sus más violentos y reprimidos arrebatos son suavizados musicalmente, así como una cruel forma de seleccionar musas/parejas, que aunque en este caso terminase sorprendiéndole, en la mayoría de las experiencias anteriores (sino todas) denotaba un machismo y violencia pocas veces vista. Aunque suene violento, Woodcock mas que buscar parejas con un suave y cordial tono, realmente las cazaba, pero Greenwood ayuda a vender esa primera imagen como muestran temas como “Alma”, escondiendo tras un buen hombre a alguien que directamente buscaba sumisión.

Pero si hay algo totalmente interesante en “Phantom Thread” es ver cómo, la película es una alegoría precisamente de lo que sucede en la vida de Woodcock. Quienes, como yo, fuimos a ver la supuesta última película de Daniel Day-Lewis, nos fuimos maravillados por la actuación de Vicky Krieps como Alma. Así, mientras nosotros nos dejamos llevar por una interpretación impecable de manera muy sorpresiva, vivimos el mismo camino que Reynolds vive en su propia historia, donde pensando haber encontrado a una mujer perfecta para su perfil (esta vez, incluso más perfecta al ser pueblerina e inmigrante, lo que podría potenciar el vínculo de dependencia), se termina dando cuenta de haber encontrado una potentísima mujer dispuesta a todo y decidida tras un cascarón de suavidad y cortesía. Esta relación es precisamente la esencia de la música de Greenwood. Al otorgarle tanta estabilidad musical al personaje de Day-Lewis, permite a la vez surgir el interpretado por Krieps, volviendo su banda sonora una de relaciones en vez de una centrada en los personajes. La verdad no he leído críticas ni a la música ni a la película, pero para mí claramente “Phantom Thread” hace referencia al hilo invisible y fantasmagórico que ella silenciosamente y de forma inesperada tanto para nosotros como para Woodcock, empieza a elaborar en torno a su amado y venerado diseñador. Una especie de trampa silenciosa que creo, se hace evidente en los distintos movimientos que tiene el tema principal “Phantom Thread” (en sus “versiones” I, II, III y IV), cada vez más psicológicos hasta esa increíble escena de la comida donde Woodcock dimensiona el silencioso proyecto de Alma y no sólo lo aprueba a medida que mastica la comida que han puesto en su mesa, sino lo bendice y lo hace propio. Un amor construido en base a tensiones, que a través de la destrucción ha entendido un mecanismo de creación pero que es amor, al fin y al cabo. En esto Greenwood es genial, pues “For the Hungry Boy” es una verdadera balada de amor en un bizarro contexto donde Woodcock espera que su amada lo intoxique constamente para así exigir ser servido y sentirse amado hasta el extremo. Aliméntame de amor, como muestra claramente la melodía de Greenwood, aunque este amor sea de control, cercano a la muerte y en extremo tóxico como vemos en pantalla.

Por todo esto, es que Greenwood da un salto de calidad notable. Sigue siendo un compositor que entiende claramente la tensión o la problemática interna de sus personajes, pero en “Phantom Thread” deja de ser un potenciador de ellos, para pasar a ser un protagonista más de la historia, jugando con las emociones que busca construir en el público, sus expectativas y conclusiones. Con una melodía que a muchos podrá ser plana dentro de su elegancia, lo que en verdad Greenwood está haciendo es conducir una cinta desde las sombras, llevando el ritmo de ella cuando todos pensamos que es el director. Evolucionando poco a poco a lo largo de la película, vuelve en cada pista evidente como Anderson, pero en especial él, estuvieron jugando todo el tiempo con nosotros, como Alma hizo con Reynolds. Por eso, no sería sorprende verlo llevarse el Óscar en 10 días, en especial luego que ayer fuese elegida la mejor banda sonora del año por la International Film Music Critics Association (IFMCA). Las cartas están echadas, y Greenwood tiene muchos argumentos.

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