Yann Tiersen – Good Bye Lenin! (2003)

Retomamos nuestra cobertura del festival #PrimaveraFauna cuando quedan 20 días para el evento. Si antes hablamos de Mogwai y su música para el documental “Zidane: a 21st Century Portrait”, hoy es el turno de otro de los invitados de peso de este festival. Se trata de Yann Tiersen, y la banda sonora de “Good Bye, Lenin!”.

La música de Yann Tiersen tiene un sello muy característico que invita a pensar que es una gran obra. Muchos piensan, al escuchar esta banda sonora, que se trata del soundtrack de Amélie o una continuación de este, en especial por la canción “Summer 78”.  Precisamente ese trabajo, del año 2001, fue el que transformó a Tiersen en una figura mundial, y en consecuencia, uno de los platos fuertes de #PrimaveraFauna. Para algunos Amélie fue repetida una y otra vez hasta el cansancio. Para otros, se trata de una banda sonora que siempre sorprende y nunca deja de agrdar. En uno y otro caso, debe advertirse lo siguiente. Para bien o para mal, el éxito mundial de Amélie le ha significado un peso a Tiersen que por momentos ha sido difícil de manejar. En ese sentido, apenas 2 años después de Amélie, “Good Bye, Lenin!” fue recibido como un trabajo que si bien era interesante, no estaba a la altura de sus predecesores. La idea de esta columna es redimirlo y ponerle incluso sobre Amélie, otorgando a Tiersen todo el reconocimiento que merece.

Ya de entrada, “Good Bye, Lenin!” es un trabajo mucho más original que Amélie. Acá no vemos material preexistente como sí vimos entonces. Instrumentalmente, además, es muy distinto. Tiersen abandona el acordeón (que es la nota distintiva en Amélie y entrega ese elemento tan francés a la música), dando paso a una composición mucho más integral donde el piano será ahora la carta principal. Por eso no es coincidencia que Wolfgang Becker, el director de “Good Bye, Lenin!”, haya decidido incorporar en la película (no en el disco) “Comptine D’un Autre Ete L’Apres Midi”, la canción de Amélie donde el piano es más preponderante, celebrando el retorno de la estabilidad a la familia.

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La pregunta que viene es lógica: ¿por qué el piano? No hay dudas que el piano es un instrumento mucho más sentimental que el acordeón. “Summer 78”, la canción icónica de esta banda sonora, lo demuestra. Vemos los recuerdos de Alex Kerner (Daniel Brühl), y aquellos bellos veranos que pasó en su casa de veraneo durante 1978. Cada tecla que Tiersen presiona en el piano parece retroceder más y más en el tiempo, aceptando aquella invitación que nos hace Becker de visitar un Berlín muy distinto al que conocemos hoy, un Berlín dividido entre la República Democrática Alemana (DDR) y la República Federal Alemana, de cosmonautas y astronautas, o como caricaturescamente refleja el director, un Berlín dividido hasta 1989 entre Lenin y Coca-Cola. La primera línea temporal en “Good Bye, Lenin!” es precisamente 1978. Alex vivía en la zona de la DDR, una zona que proyectaba hacia el mundo la figura de Sigmund Jähn (quien en 1978 volaba hacia el espacio), pero que sin embargo, presentaba problemas que hacían muy difícil la vida en su interior, en especial en comparación a la zona controlada por los americanos. Uno de los problemas recurrentes era la fuga hacia la República Federal, problema que vivió en carne propia Alex con la huída de su padre. Estos hechos son presentados con “Childhood (1)”, un suave piano que nos muestra la reacción de la madre de Alex, Christiane (Katrin Saß), al abandono del padre y cómo ella sufre un ataque nervioso que afectaría la infancia de Alex hasta el día de hoy. “Childhood (2)”, que aparece más adelante pero que también llama a retornar al pasasdo, es una variante de “Summer 78”.

La segunda línea de tiempo son los días previos a la caída del muro de Berlín, la noche del 9 noviembre de 1989.  Su mamá, que ha cumplido un rol fundamental en su crianza ejerciendo de padre y madre, pasa a tener un rol igual de relevante en la banda sonora, en especial con “Mother”, que se repetirá varias veces a lo largo de la película. Una versión mucho más acelerada pero igual de emotiva, que aparece en la escena del viaje a la casa de verano, segundos después de la música de Amélie, es “Mother’s Journey”. El colapso de Christiane al ver a Alex detenido y el coma consecuencia de ello, sirven para articular gran parte del guión de “Good Bye, Lenin!”. En el periodo de tiempo que Christiane pasa internada, el mundo socialista del cual es activista, colapsa. Evitando cualquier estrés futuro, Alex llegará a la conclusión que debe hacer subsistir a la DDR en el pequeño departamento de 78 metros cuadrados que tienen en Berlín.  Su pieza pasaría a ser una burbuja, donde todo recordaba al pasado, y donde ningún muro había caído. “Good Bye, Lenin!” es eso. Becker nos lleva a ver la obra excelentemente montada por Alex, quien de una u otra forma se abandona a sí mismo para la alegría de su madre, y cómo su proyección crece como una bola de nieve que la vuelve imposible de mantener.

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Alex deberá coordinar el mundo que ha creado (mas bien mantenido) para su madre, con una nueva relación con Lara (Chulpan Khamatova), la enfermera de su madre de origen soviético y que ha recibido con los brazos abiertos la “occidentalización” de su vida. Alex se someterá a este difícil contraste que le significa la relación con Lara y la relación con su madre. Lara es el futuro, su madre el pasado. La relación con Lara tiene un enfoque musical igual de emotivo, pero más esperanzador. “First Rendez-Vous” debe ser la segunda canción más reconocible del disco, aunque lamentablemente sea corta. Su melodía se repite en “Lara’s Castle”, cuando Lara ocupa un departamento abandonado en Berlín con la esperanza de construir una nueva vida. Berlín ha cambiado, Alex está cambiando. La pregunta es si lo está haciendo al ritmo que quiere tener por la situación de su madre, o el ritmo que Lara espera de él.

Es muy difícil seguir hablando de canciones específicas, pues el disco parece no tener puntos bajos. Todas, además, acompañan escenas de profunda emoción. Al menos 2 son fundamentales. Una es el reencuentro con la figura del padre (“I saw daddy today”), un piano especialmente lindo que refleja el dolor de Ariane (María Simon) de reencontrarse con un padre, circunstancialmente, que había reconstruido su vida y formado una nueva familia. Hablamos de este padre que se redime para Ariane y Alex cuando su madre le cuenta la verdadera historia de su huída (“Letters”), y su intención de reencontrarse con él por última vez (“Mother will die”, “Father and Mother”). La segunda canción fundamental de la cual nos toca hablar es aquella que acompaña los pequeños que Christiane hace de la realidad. Hablamos de la canción “Good Bye Lenin”, con la cual la madre de Alex recorre un Berlín distinto, el cual es sobrevolado por un helicóptero con la estatua de Lenin rajada a la mitad. Un Lenin que parece indicarla y hablarle sólo a ella a través de pequeñas notas de piano, como queriendo reprocharle algo. El resto de la ciudad circula a su lado sin inmutarse, tal como cambia una canción que termina siendo totalmente distinta a como comenzó.

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Antes de terminar, no podemos dejar de lado la música que Tiersen dedica a aquellas escenas en que Alex construye la realidad paralela de su madre, como lo realiza, por ejemplo, a través de programas de televisión falsos. Estas canciones escapan un poco a la norma de la música que Tiersen entrega para el resto del disco, pues precisamente en estas escenas la película abandona por momentos todo drama o emociones intensas dando espacio a situaciones bastante cómicas. Por eso, no se sorprendan si la música les evoca fiesta o circo.  “Finding the Money”, “The Deutsch Mark is Coming”, “Birthday preparations” o “Preparations for the last TV fake” dan un toque lúdico ante tanta melancolía. En suma, un trabajo notable de Yann Tiersen que no se ha llevado el reconocimiento que merece. Cuando se confirmó que el francés haría un sideshow a su presentación en #PrimaveraFauna, esta vez, en el Teatro La Cúpula, muchos ojos se abrieron esperando ver la faceta de bandas sonoras de Tiersen. Al parecer sería la misma presentación pero con una modalidad más íntima. Si bien nosotros no perdemos la esperanza de ver a “nuestro Tiersen”, Infinity, su último disco, merece la atención de todos, reflejando por qué Tiersen es uno de los músicos más versátiles del momento.

 

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