Damon Albarn & Michael Nyman – Ravenous (1999)

Cuando escucho el soundtrack que les traigo hoy, algo de culpa existe en mi por el hecho que llamara mi atención hace sólo unos meses. Todo se lo debo a un consejo del equipo de 7mo Vicio (a ellos dedicada la entrega), sin los cuales quizás nunca habría llegado a él. Se trata de una película considerada hoy de culto, basada en una historia de canibalismo, y dirigida por Antonia Bird en 1999. Hoy les traigo la banda sonora que Michael Nyman y Damon Albarn hicieron para “Ravenous”.

Muchos deben conocer el nombre de Damon Albarn. Líder de Blur y el genio tras Gorillaz, el artista inglés tiene como faceta más desconocida la de compositor de obras teatrales y cine. Su pieza sobresaliente en la pantalla grande es sin dudas Ravenous, mientras que en las tablas, “Monkey: journey to the west”. Nyman, por su parte, es un compositor totalmente consolidado en el mundo de las bandas sonoras. De características más bien minimalistas, su nombre es mucho más conocido en el cine europeo, donde ha tenido más participación que en el mercado norteamericano (destacan en el último Gattaca y The End of the Affair). La obra maestra de Nyman es “The Piano”, pero siendo sinceros, es bastante injusto sólo hablar de ciertas obras y no de su global aporte al mundo de la música.

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Lo interesante en Ravenous es que estamos ante 2 bandas sonoras más que ante a una realizada en conjunto. Nyman y Albarn no son, técnicamente, co-compositores de la música.  Trabajaron paralelamente sin inmiscuirse en el trabajo del otro, tanto así, que por acuerdo, en la película, la banda sonora está acreditada Nyman y luego a Albarn (en ese orden), y en el disco (agotado hace muchos años), la situación es al revés. Según el propio Nyman, Albarn aportó el 60% de la música, y Nyman sólo el 40%.  Es muy fácil distinguir ambas manos, de hecho los desafío a hacerlo. Nyman está tras lo más clásico, y en especial, tras las canciones con banjo, un instrumento al cual volvía luego de 18 años, y que le permite incorporar indudablemente un toque norteamericano necesario para la historia. La mano de Albarn, en cambio, es mucho más moderna y atrevida. Pese a incorporar banjo por momentos, sin dudas podemos distinguirlas, pues lo de Albarn claramente es algo que rompe todos los esquemas. El resultado en conjunto, pese a todo, es armonioso, pues la música en su totalidad evoca al Estados Unidos del siglo XIX, en base a sus a violines, acordiones y arpas. Algo de western tiene, sin serlo, la película de Bird y la música de Nyman/Albarn.

La música de Ravenous es muy difícil de describir, yo en particular les recomiendo vivirla junto a la película (el trailer le hace MUY poca justicia). Guy Pearce interpreta al Teniente Boyd, un falso héroe de guerra durante el conflicto mexicano-americano (1846-1848). Decimos falso, pues Boyd ganó su reconocimiento cobardemente, haciéndose pasar por muerto por temor, y sólo cuando se encontraba junto a los cuerpos de su unidad en el cuartel mexicano, Boyd decide actuar en un acto de inusual valentía. Cuando se descubre la mentira de Boyd (por entonces capitán), es exiliado a las montañas de Sierra Nevada al remoto Fuerte Spencer, donde deberá cumplir con su deber de ahora en adelante. Todo el que llega al Fuerte Spencer, como veremos, esconde algo. En cierta medida está entre pares. Por eso todo transcurre con normalidad hasta que una noche aparece un extraño personaje en shock e hipotermia llamado Colqhoun (Robert Carlyle), quien describe hechos similares a los que con el tiempo se conocieron como los de la expedición Donner. Según Colqhoun (Colquhoun en el disco), él y otros formaban parte de una expedición que atravesaba las montañas, y debido al frente de mal tiempo, debieron guarnecerse en una cueva donde uno de los integrantes habría comenzado con actitudes caníbales al acabarse la comida. Sólo él, la Sr. MacCready, y el victimario, era los sobrevivientes, y debían concurrir cuanto antes a la cueva para evitar que el caníbal continuara con su festín de sangre con la solitaria mujer. Los “valientes” integrantes del Fuerte Spencer deciden acudir en ayuda de la Sr. MacCready, en especial, pues en aquel nunca pasaba nada. Sería la oportunidad de demostrar que eran verdaderamente soldados.

 

Es fundamental, antes de continuar, hablar del Fuerte Spencer y su canción, “Welcome to Fort Spencer”. Lejos de ser la mejor, es fundamental para entender la historia, pues con ella se le narra la estructura y organización del Fuerte. Por eso es al menos curioso que la música sea claramente circense y por momentos se escuche descompuesta. En el Fuerte Spencer está relegada la escoria del ejército: los soldados cobardes, los enfermos, los fracasados, los locos, los impulsivos. El ejército norteamericano enviaba a Boyd al peor de los infiernos en vida, y la canción lo muestra. Nyman logra este efecto musical, principalmente, debido a que juntó a un grupo de músicos no profesionales para que ejecutaran la partitura, al que llamaron “The Foster’s Social Orchestra”. La música es además es marcha fúnebre. Boyd era exiliado para morir sin gracia alguna en lo que era una caricatura de lo que no debe ser un regimiento. El viaje de Boyd al Fuerte (“Boyd’s Journey”), es la canción favorita de muchos espectadores, pues refleja toda la película, un cara y sello entre lo que es Pearce y lo que se espera de un militar norteamericano para ser ascendido a capitán (“Hail Columbia”).

iU0avgzmCX8NT4Csj0VTvmaxWSyBoyd es el claro ejemplo que en el Fuerte Spencer no hay gente mala, sino gente que no calza con los prototipos militares de valentía, astucia o moralidad. Por eso, con música totalmente distinta, acogen al misterioso personaje que aparece en su puerta (“Stranger at the window”). Este extraño personaje le cuenta su historia con “Colquhouns Story”, una canción también casi circense que demuestra mejor que nada el crimen basado en instintos primitivos que viene a denunciar. Esta canción incluye elementos de lo mejor del disco. Me refiero al tema “Manifest Destiny”, que tiene unos de los riff más pegajosos que conozco, incorporando con él suspenso en notas simples de una forma realmente increíble. La suerte de la comitiva Donner narrada por Colquhoun, musicalmente, se transforma maravillosamente al incorporar una flauta suave, y luego elementos de viento mucho más graves (en especial la tuba) que parecen advertirnos de la maldad de la situación. Algo no calza en el relato de Colqhoun, por eso el final es simplemente notable, donde Bird nos muestra en pantalla los supuestos recuerdos del personaje interpretado perfectamente por Carlyle (les recomiendo escuchar del minuto 4.05 en adelante para que me entiendan). Estupefactos con el relato, hay 2 personajes de pueblos nativos americanos que muestran que Colqhoun no es una persona de confiarse en base al mito de Wendigo, un personaje mitológico que robaba la fuerza y el espíritu de otros devorándoselos.

 

Colquhoun se recupera misteriosamente rápido, y los acompaña para señalarles exactamente donde está la cueva (“Trek to the cave”, la canción que calza más con una banda sonora en su concepto tradicional).  En el camino, el accidente de uno cambiará las cosas, en especial porque cambiará la personalidad de Colqhoun al ver su sangre, quien poco a poco se empieza a mostrar como el victimario, y no la víctima (este personaje se basa principalmente en “El hombre delgado” de Dashiell Hammett). La música cambia a llegar a la cueva con “The Cave” (sorprendentemente otra de la favorita de muchos), pero manteniendo una forma más clásica. La percusión primitiva calza con nuestros soldados desenmascarando a Colqhoun.  Acá viene la parte débil del soundtrack, “Run”, un canción de western con tintes cómicos al huir ae Colqhoun en un lapsus que la verdad no llena nada mi gusto. Por eso uno agradece que vuelva música más acorde a una cacería con “Let’s go kill that bastard”, una canción que ha sido inspiración de muchos soundtracks de juegos de RPG en el pasado, en especial me recuerda la música de Chrono Chross, un juego bastante contemporáneo al año de lanzamiento de Ravenous. Para algunos esta canción, y en especial su riff, refleja más la locura de Colquhoun que el miedo de quienes escapan. Yo me adhiero a esa postura, pero sólo si la consideramos como hermana de “Run”, pues sólo así ésta adquiere sentido: una canción de locura.

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Sólo contra Colqhoun, Boyd toma una decisión acorde a sus pergaminos. Frente a un rival tenebroso y físicamente superior, decide huir lanzándose de un barranco. En su caída sin control se lastima su pierna, y su cuerpo, coincidentemente, llega junto al de de su compañero Reich, quien parece sumido en la locura. Reich muere, pero Boyd queda herido y sólo mientras se escucha “The Pit”. Su nombre dice mucho. Boyd está sólo, herido, sin fuentes de alimentación, por lo que su debilidad le obliga a comerse a su compañero. Con ello obtiene una fuerza sobrenatural que le permite caminar de regreso a Fort Spencer con música similar a la de su primera llegada. Ya recuperado, el ejército buscará respuesas, y el relato irracional de Boyd poco ayuda. Colqhoun regresará, pero como el Coronel Ives, el nuevo comandante a cargo del Fuerte. Nadie parece reconocerlo, y éste, claramente, no reconoce su otra vida. Sólo a los días reconoce ser Colqhoun ante Boyd, y no lo elimina pese a que es el único que sabe la verdad. La respuesta es lógica: ambos han probado carne humana y saben los cambios que genera. La única diferencia con Boyd es que este se resiste en base a su moralidad, algo que para Ives la moralidad es bastión de cobardes. Boyd está a punto de cobrar la vida de Ives, cuando Marta, la nativa, le recuerda que la única forma de acabar con Wendigo es entregar su vida. Debe sacrificarse y la decisión debe ser inminente, pues ha reaparecido el Coronel Hart a quien todos daban por muerto, lo que significa claramente que ha pasado al bando de Ives.

 

Con ello, el desenlace. Sin dudas la mejor canción es “Manifest Destiny”. Ives le comunica a Boyd su manifiesto, su plan de trabajo, jurándole que lo que busca es aislarse de un país tan enfermo como Estados Unidos que consume todo a su paso (en clara alusión a la Doctrina Manifiesto norteamericana, que justifica la expansión y abuso de los norteamericanos). Boyd rechaza la última invitación de Ives pasar a su bando, lo que es muy simbólico, pues muestra coraje cuando más se necesita: no cuando tuvo que disparar en la Guerra con México, sino cuando tuvo que tomar una decisión moral mientras pendía su vida. Es apuñalado por ello (la canción sube notablemente acá), pero Ives lo realiza de una forma que Boyd puede sobrevivir. Boyd, que se pensaba liberado, debe nuevamente decidir entre practicar canibalismo y sanarse, o morir desangrado. Comer o morir, esa es la cuestión. Esta vez decide comer, pero para redimirse. “Saveoursoulissa” es la canción de la expiación de sus últimas decisiones. Ya recuperado, se vuelve a enfrentar a Ives. Come o muere otra vez, pero esta vez opta por morir. Un sacrificio hermoso en una escena que de pelea tiene poco (hasta en eso rompieron esquemas), eliminando por siempre  a Wendigo a costa de su propia vida, sin honor ni reconocimiento.

PearceRavenousEs difícil conocer este soundtrack. Spotify no lo tiene en su catálogo. Esta mezcla entre calidad y desconocimiento ha permitido que en el medio se incorporare su música en otras películas (Hostal y Magnolia, por ejemplo). Pero la culpa que sentí yo en su momento sería más grande si no se los doy a conocer. Lo recomiendo incluso para aquellos que no escuchan bandas sonoras. Dan ganas de escuchar más soundtracks atrevidos como este, ingeniosos para una película que se mueve en la cornisa lo grotesco. Albarn, que viene desde afuera, no se sujetó a las reglas tan formales que en el mundo de las bandas sonoras meten tanta presión, y Nyman fue generoso al dejar hacerlo. El atrevimiento de ambos transforma a este soundtrack en uno exhaustivamente interesante, muy parecido a lo de Neil Young con “Dead Man”.

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